El Sueño.

A todos nos encanta soñar. Dormidos o despiertos, es algo fascinante cómo nuestra mente crea historias con tanto detalle y tanta emoción.

Una vez escuché a mi padre decir que todos tenemos una doble vida, la que vida vivímos y la vida que soñamos que nos gustaría vivir.
Hasta ahí todo bien. Todos queremos algo que no tenemos porque soñar es una parte de nuestra naturaleza. Incluso los que parecen tenerlo todo, quieren algo más.
“Nadie está conforme con lo que le tocó”, dijo Silvio Rodriguez.

La cosa es ir más allá, traspasar la línea, vivir el sueño en la realidad.
Para eso lo primero es visualizar el sueño hasta darle la forma que queremos que tome y dejar que la imaginación fluya.

Cuentan que Salvador Dalí dormía cada tarde la siesta en una mecedora, sujetando unas llaves, o una piedrita en su mano. Cuando se dormía y el cuerpo se relajaba, el objeto caía haciendo ruido y él despertaba. Justo en ese momento, en estado entre el sueño y la vigilia, en ese susto, recordaba perfectamente alguna imagen que más tarde utilizaba para sus cuadros.

Es una comparación exagerada de cómo hacer realidad los sueños, pero me encanta porque muestra que si le damos a nuestra mente las ideas, las herramientas y el tiempo para trabajarlas, hayará la forma de abrirse camino y cruzar la frontera, porque aunque soñar es algo genial, también es frustrante no cumplir con los sueños.
Hay que traerlos a este lado, a la realidad, a la única vida que nos ocupa.

Al final lo único que tarda en llegar, es lo que no se empieza.

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