SUPERARSE A UNO MISMO 2017

El obstáculo más importante que el hombre debe superar para alcanzar las metas y el estado que pretende para su vida se encuentra en su interior. No existe prueba más grande, no hay enemigo con mayor poder.

El hombre ha demostrado inagotable capacidad para dominar la naturaleza, para imponerse sobre la enfermedad, para atacar la pobreza, para desafiar las distancias que nos separan de los cuerpos celestes, para mejorar la calidad de la vida en el planeta y para entender los secretos diminutos que se esconden tras partículas sub atómicas. Ha demostrado capacidad y poder para doblegar las adversidades que se le presentan, para conquistar fronteras y develar misterios. Sin embargo sigue siendo pequeño, incapaz y carente para dominarse a sí mismo, para imponerse sobre su naturaleza caída, para atacar su pobreza de espíritu, para desafiar la distancia que lo separa de la magnanimidad, para mejorar la calidad de su propia vida y para entender los valiosos secretos que esconden los detalles y los momentos fugaces. Ha demostrado carecer de capacidad para doblegarse a sí mismo y alcanzar genuina paz.

El hombre ha tomado potestad y patrimonio sobre su entorno, pero aún le cuesta mucho ser dueño de sí mismo. Y por ello sigue siendo un ser incompleto. Un gigante con pies de barro que coloca el reino que ha construido en riesgo de implosión.

A pesar de toda la capacidad y el poder que exhibe, el hombre es en realidad una de las criaturas más vulnerables que habita el planeta. A diferencia de otras especies, durante un tiempo muy largo de su vida es un ser completamente dependiente de la ayuda de los demás, un ser expuesto a las variables de su entorno, con escasos recursos para enfrentar y moldear su ambiente más próximo. Pasa una cuarta parte de su vida sometido a la influencia externa y otro tanto tratando de establecer su identidad y su sentido de pertenencia. De niño se sujeta al criterio que sus mayores tienen para formarlo y cuando es joven a los formatos conceptuales que la sociedad le imprime para continuar su desarrollo. En la etapa primera de su “independencia” pone a prueba el carácter de la formación que ha recibido y experimenta con ella, sondeando tímidamente la realidad que lo rodea y que apenas comienza a conocer. En todo ello consume al menos una buena parte de su vida sobre la tierra.

En la etapa de completa “exposición” ante los factores de su entorno, el hombre desarrolla su carácter y su personalidad como producto de la influencia que tiene (la familia, las instituciones educativas). En la etapa en la que trata de definir su identidad y su pertenencia en el entorno, desarrolla su vida en función de aquello en lo que se ha convertido, o se dirá con mayor propiedad: aquello en lo que lo han convertido, porque finalmente llega a la etapa primera de su independencia como un producto programado por otros.

Desde la niñez hasta la temprana juventud no tiene la posibilidad de evaluarse a sí mismo con referencia a nada, no tiene la capacidad (y sobre todo la necesidad) de hacer ningún tipo de introspección, puede ser en efecto un “producto” bien formado y orientado, o no serlo, pero ello en nada lo afecta y en nada le aprovecha. Es a partir del momento en que se desenvuelve con cierta independencia cuando comienza el viaje de ésa evaluación que concluirá por ser el factor que determine el resultado final de su existencia. ¿Cuánto tiempo de su vida transcurre en este proceso?, ¿20, 30, 40 años? Si bien es difícil determinar la precisión cronológica, en realidad es fácil establecer que todo ese periodo solo puede definirse como uno de Inconsciencia. Remedio para ello no existe, es un problema asociado a la especie. Durante muchos años de su vida el hombre está simplemente inhabilitado para ser dueño de sí mismo. La posibilidad que esto ocurra se activa solo a partir de las primeras experiencias de vida independiente y de cómo éstas condicionen su forma de pensar y de entender su realidad.

Los parámetros referenciales ante los cuales el hombre se evalúa a si mismo están relacionados a los resultados que alcanzan sus actos de vida, a la satisfacción, tranquilidad y beneficio que en ellos encuentra desde el íntimo rincón de su propio punto de vista y desde el espacio vasto que constituyen “los demás”. Solo cuando actúa por su propia voluntad, en sujeción a su criterio personal, está ejerciendo un rol concreto en la vida y puede iniciar ése proceso de “medirse” a sí mismo.

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