Salir de la corriente

En posts anteriores os hablaba de las oportunidades que se nos presentan, de aprovecharlas para crecer, de salir de nuestra zona de confort, etc.

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En la misma línea podemos hablar de la tendencia de muchas personas de seguir a la multitud. No sentimos seguros cuando no destacamos, cuando formamos parte de un grupo, cuando sentimos que pertenecemos a algo. Y para ello debemos tenet algún rasgo característico común con los demás miembros. No me refiero sólo a los grupos establecidos específicamente como tales, sino también a los que se forman sin ser conscientes de ello y sin intención de serlo.

Como seres humanos, seres sociales que somos, solemos sentirnos a gusto perteneciendo a grupos u organizaciones. Es parecido a lo que comentaba ayer de la comodidad de la rutina, de lo conocido.

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Pero a veces es necesario, o por lo menos recomendable, hacer cosas distintas. Buscar dentro de nosotros y salirnos de lo establecido. Podemos atrevernos a mostrar algún aspecto de nosotros que quizás ni tan siquiera nosotros conocemos por haber adoptado siempre el rol de participante de un grupo o colectivo.

Ser diferentes nos enriquece, nos hace más fuertes y nos ayuda a ganar seguridad en nosotros mismos. A pesar de ello, no estoy diciendo que debamos desvincularnos de los demás o no compartir nada. Simplemente que sepamos que tenemos la posibilidad de escoger muchas veces y que, con un poco de dedicación podemos sentirnos mucho mejor y más realizados.

Las oportunidades

A todos nos ha pasado alguna vez (o varias), que parece que la vida nos tenía preparados unos planes distintos a los nuestros. A menudo estos planes, como se salen de nuestros esquemas, nos asustan, creemos que son malos o nos crean incertidumbre. La frase “más vale malo conocido que bueno por conocer” sale a relucir… salir de nuestra zona de confort. Ya os hablé sobre eso en otro post.

A veces debemos confiar en el Universo, en la vida o en lo que creamos. Las oportunidades aparecen ante nuestras narices día a día. Las hay más insignificantes y más impresionantes. Estas últimas son las que más suelen asustarnos.

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Los seres humanos no estamos muy acostumbrados a los cambios. Nos acostumbramos a nuestras rutinas y en ellas nos sentimos seguros, creeos que todo está controlado. No lo pasamos bien en momentos de incertidumbre, de cambios, porque parece que nos podemos caer más fácilmente.

Pero os recomiendo darle a las oportunidades una oportunidad (valga la redundancia). Muchas veces en ellas se esconden las más grandes sorpresas, los momentos más bellos, y son las que nos ayudan a crecer y a avanzar en la vida. El miedo no debe paralizarnos, porque somos capaces de más, y muchas veces, la felicidad está al otro lado de la oportunidad. Así que, ¿por qué no nos subimos todos al tren de las oportunidades?

Cambios y limpieza

Todos sabemos que la vida no es un camino lineal y recto. Pasamos épocas muy buenas, en que parece que todo es perecto y de repente algo se tuerce y caemos en picado. Estos baches, estas subidas y bajadas nos van acompañando a lo largo del tiempo y tenemos que aprender a afrontarlos.

Muchas veces, después de uno de estos baches, sentimos la necesidad de hacer limpieza, tanto interna como externa. Cambiamos algunos hábitos, tiramos cosas que nos hacen sentir mal, empezamos nuevas rutinas, etc.

Es algo así como una puesta a punto para un nuevo comienzo. Experiencia superada, nuevos objetivos, cambio de hábitos y cosas.

En la vida deberíamos aprender a deshacernos de todo lo que no nos hace felices. Mucha gente aconseja deshacerse de ropa que hace más de dos años que no nos ponemos. Otros directamente abogan por tirar, donar o regalar todo aquello que no nos hace sentir felices. Creo que muchos de nosotros tenemos tendencia a ir acumulando cosas… por si acaso… porque quizás me servirá en el 2025… porque todas las modas vuelven… Pero la realidad es que todas esas cosas, están ocupando nuestro espacio y muy probablemente acabarán en la basura en unos años sin haberles podido dar una segunda vida regalándolas o donándolas.

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Lo interesante de “hacer limpieza” es que con ese gesto, nos limpiamos también por dentro y sólo nos quedamos con todo aquello que nos hace sentir bien. Y ¿acaso no es la felicidad y el bienestar lo que todos buscamos?

Los 6 instantes sagrados

Ya os he hablado en algunos de mis posts anteriores sobre la biodescodificación y la psicosomática. Son dos de las dosciplinas que se dedican a entender al ser humano como un todo en el que confluyen aspectos emocionales, ambientales, circunstanciales, biológicos, transgeneracionales, etc. El ser humano es un todo, no la suma de sus partes. Es decir, si nos duele el estómago, no se trata de mirar solamente el estómago, sino muchos otros aspectos que pueden ser los causantes de dicho dolor.

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Según las disciplinas mencionadas anteriormente, podemos hablar de 6 instantes sagrados en la vida de una persona. 6 momentos muy importantes para el resto de su vida. Estos 6 momentos son los siguientes:

– el momento de la concepción

– el nacimiento

– la entrada en la vida adulta (independencia, boda, etc.)

– conventirse en madre/padre

– tener nietos/as

– la muerte

Las experiencias que vivimos en cada uno de estos momentos, lo que sentimos, las emociones que nos causan, son la clave para nuestro futuro.

Los expertos dicen que si en el momento de la concepción nuestros padres no querían concebirnos, eso lo acarrearemos toda la vida. O si nacemos de forma más o menos natural, eso también nos afecta. Y así concada uno de los 6 momentos sagrados.

Ahora bien, podemos cambiar lo que no nos guste, conociendo esto y trascendiéndolo.

Despedida…

Todos sabemos que nada es eterno. Sabemos que la vida (por lo menos la que conocemos) termina tarde o temprano. Sabemos que en nuestra vida entran y salen personas, que no tenemos la certeza de que cada vez que nos despedimos no es la despedida definitiva.

Todos los días, de forma bastante automática nos despedimos de personas: cuando damos las buenas noches, cuando decimos “hasta mañana” en el trabajo, cuando hablamos por teléfono, cuando nos cruzamos a alguien conocido por la calle… tantas veces nos despedimos sin pensar que esa despedida podría ser una despedida definitiva.

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No estamos acostumbrados a las despedidas de verdad. A esas que sobrepasan nuestros límites, que nos desgarran el alma. Todos sabemos que la vida no es eterna. Todos sabemos que en la vida dejamos de estar con personas con quienes querríamos estar. Y aún así, no sabemos cómo llevar el dolor que una despedida supone. No sólo me estoy refiriendo a la muerte. Es igualmente doloroso perder a un ser querido por la distancia.

¿Cómo poder soportar el dolor de la DESPEDIDA? ¿Cómo despedirse de alguien de quien no quieres ni puedes separarte?

En la vida deberíamos aprender a afrontar mejor las despedidas. Quizás nos ahorraríamos un poquito de sufrimiento… tan doloroso.

Adaptándome a los cambios

No es nada nuevo decir que en la actualidad todo avanza y cambia a velocidades vertiginosas. Internet, los avances tecnológicos, el conocimiento… todo vuela, y desde hace unos años siento especial interés por la capacidad que tienen ciertas personas por adaptarse especialmente bien a dichos cambios. Pienso que es una de las capacidades más importantes que deberíamos aprender todos a desarrollar, porque estaremos relacionándonos toda la vida con cambios de un tipo u otro.

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Hoy mismo me ha tocado vivir uno de esos cambios. Reconozco que no tengo una facilidad abismal para adaptarme a los cambios y que a menudo me causan angustia y malestar.

Llevo años apuntada a la bolsa de interinos de educación, ya que soy maestra de educación infantil, y hoy me han llamado por primera vez para hacer una sustitución de 10 días, en principio. A pesar de estar esperando este momento muchísimo tiempo, no me esperaba para nada que llegara hoy y reconozco que, como tenía otros planes (mi pareja vive en la otra punta del mundo y ha pasado un mes conmigo y se va pasado mañana), me siento desconcertada, y no sé si sentirme feliz o triste. De hecho me siento de las dos formas a la vez y eso me descoloca.

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Me han cambiado los planes.

La llamada que llevo años esperando ha llegado en un momento extraño, pero sé que es algo muy bueno.

Debo aprender a adaptarme. En la vida me ha pasado varias veces que, teniendo planes, algo ha sucedido que he tenido que tomar un plan B. Cuesta pero no es tan grave. Muchas veces con el tiempo me he dado cuenta de que el plan B acababa siendo mejor que el A.

Momentos

La vida está hecha de momentos.

Creo que todos estaremos de acuerdo con esta afirmación. Espero. Pero ¿a qué me refiero con esto y qué me gustaría transmitiros con este post?

Si me pongo a hacer memoria y a recordar mi infancia, lo que siempre me viene a la cabeza y me hace sonreír son los momentos compartidos. Tardes jugando con mis primos y hermanos, fiestas de cumpleaños en casa con un montón de amigos del cole, la excursión que hicimos en 6° de primaria a la nieve durante una semana con toda la clase, en la cual aprendí a esquiar un poco y casi me rompo una pierna, las tardes de los domingos jugando con mi hermana a que éramos Tod y Toby (Disney)… Podría mencionar millones de momentos. Experiencias que me hacen feliz al recordarlas. Ellas son las que me dan la sensación de haber vivido.

¿Por qué digo todo esto? Porque no recuerdo, ni aun queriendo, regalos o cosas materiales. Bueno, sí recuerdo alguna muñeca o peluche o algún juego con el que pasaba horas jugando, pero los recuerdo por los magníficos momentos que pasé con ellos, no por su “valor” económico o social.

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Según mi forma de entender el mundo, nada hay más valioso que nuestro tiempo y el que compartimos con nuestros seres queridos. Hoy en día mis hijos son los que se están dando cuenta de la importancia de compartir momentos y valoran y agradecen muchísimo cuando compartimos una película comiendo palomitas de maíz, jugamos todos a un juego de mesa, pasamos la tarde contando cuentos inventados, cocinamos juntos, jugamos a tirarnos unos encima de otros… ¡Eso es vida!

Tanto pan…

En esta ocasión me gustaría hablaros de algo que me genera rabia y pena a la vez. Y es que a mí no me cabe en la cabeza que en los tiempos en que vivimos (bueno, en realidad nunca) tiremos tantísima cantidad de comida a la basura. Me refiero a comida en perfecto estado claro.

Hace unos días, mientras volvía a casa de mis padres (debían ser alrededor de las 22h), mi pareja y yo vimos a la dependienta de la panadería que hay en la misma calle, cerrando el negocio. Llevaba consigo una bolsa de basura negra tamaño industrial que tiró en el contenedor justo delante de la panadería. Mi pareja y yo nos miramos y supimos que habíamos pensado lo mismo: “no puedo creer que esté tirando tanto pan del día”.

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Pues bien, nos acercamos y abrimos el contenedor y la bolsa. Efectivamente. Allí encontramos la bolsa con unas 20 barras de pan, algunas de ellas aún calentitas.

Esta situación me hace reflexionar sobre qué mundo estamos creando. ¿Por qué tiramos la comida en buen estado habiendo tanta gente pasando hambre? ¿Qué podemos hacer para aprovecharla?

Se me ocurrió que se podría llevar a centros sociales o a personas que viven en la calle o que pasan dificultades económicas. Pero ¿por qué las empresas no lo hacen directamente? ¿Es por ganar más dinero, dejadez o falta de información o de interés? Sea cual sea, me parece igualmente triste e indignante, y si yo pudiera, lo repartiría yo misma a quien lo necesitara.

El poder de la amabilidad

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Hoy me gustaría hablaros de algo de lo que hace tiempo que me doy cuenta y que, a pesar de que no le damos la importancia que según yo requiere, me parece algo extraordinario.

¿Cuántas veces hemos perdido la ilusión por algo que queríamos porque la persona con quien contactamos no fue muy amable? O ¿cuántas veces hemos deseado hacer algo que antes ni nos habíamos planteado por el simple hecho de que alguien nos lo supo “vender” muy bien.

No me refiero solamente a vendedores de cosas o de servicios. En su caso me parece primordial tener la cualidad de ser amable. Sino a todas las personas en general.

Qué bien sienta conversar con una persona atenta, que te valora, que te respeta. Una conversación con alguien así puede incluso cambiar tu estado de humor.

A mí, personalmente, cuando me encuentro con alguien así me hace sentir muy bien. Hoy me he topado con una de esas personas. Ella era la encargada de alquilar unas barquitas de remos. En el momento en que hemos ido no había disponibilidad de ninguna, pero nos ha dicho que volviéramos después de comer (2 horas después), que ella ya volvería a estar allí. Todo muy amablemente. Cuando ha salido para ir a comer nos ha visto allí (faltaba una hora para las 3) y nos ha alquilado una de las barquitas que en esos momentos no alquilaban por ser la hora del almuerzo para que no tuviéramos que esperarnos tanto. Todo con una sonrisa.

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Después de esta experiencia sé que volveré allí. Incluso recomendaré el lugar a otras personas.

Para mí, es como mágico el poder de la amabilidad.

El Proyecto Sentido

 

Desde la perspectiva de la biodescodificación, bioneuroemoción, y otras disciplinas, se entiende que lo que vivimos o la forma en que sentimos lo que experimentamos viene determinada por varios factores. Uno de ellos es el Proyecto Sentido.

El Proyecto Sentido podría definirse como el proyecto para el cual somos concebidos. Vamos a poner un ejemplo que Jean-Guillaume Salles pone en sus conferencias sobre el tema para entenderlo mejor. Una bombilla fue creada para dar luz. Podríamos decir que su Proyecto Sentido fue iluminar. Pues bien, cada uno de nosotros tiene su propio Proyecto Sentido que, generalmente, recibimos de forma inconsciente por parte de nuestros padres.

En él influyen muchos factores, como el haber sido deseados o no, haber sido queridos o no, las emociones de la madre durante el embarazo y los primeros 3 años de vida (dependiendo de la escuela llegan a hablar hasta de 7 años), etc. Pongamos un ejemplo, una mujer se entera de que está embarazada y no esperaba estarlo. Si se queda muy feliz, ese bebé sera querido, pero no deseado, porque esa mujer no buscaba quedarse embarazada. Las primeras semanas de vida del embrión, su madre no sabía que existía, y esa sensación queda grabada en el inconsciente del niño aun cuando crezca. Con lo cual ese niño tendrá tendencia a tener la autoestima baja, a sentir que necesita más cariño para sentirse querido, etc. Por supuesto cada persona es un mundo y vive su situación de forma distinta, pero en líneas generales eso nos afecta.

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También nos afectan las emociones que vivió la madre durante el embarazo y los primeros años de vida del bebé. Si una madre está triste mientras está embarazada, al bebé se le graba en su inconsciente esa tristeza en relación con él y ese sentimiento puede determinar toda su vida si no se da cuenta de ello y actúa en consecuencia.

Uno de los Proyectos Sentido que pueden bloquear la vida de un individuo es el de cuidar de sus padres cuando sean mayores. De forma inconsciente algunos padres tienen hijos o alguno de sus hijos para que los cuide cuando sean mayores, y esa persona mostrará serios problemas a la hora de tener su propia independencia, de crear su propia familia. Posiblemente tendrá parejas poco estables, porque su misión es la de cuidar de sus padres y su actitud será la de cuidar a todo el mundo.

Hay muchos tipos de Proyecto Sentido. Algunos son positivos y otros negativos. Lo importante es ser capaces de descubrir el nuestro y poderlo trascender en caso de que no nos esté dejando tener la vida que deseamos. La información es poder. Utilicémosla para mejorar nuestras vidas. Si vemos que repetimos patrones, seguramente algo inconsciente nos está impidiendo avanzar. Sabiéndolo tenemos una oportunidad de oro para cambiar nuestra vida y la de los que nos rodean.