Incendios forestales en Chile

Hace un par de semanas Chile empezó a arder. Es verano y lamentablemente los incendios forestales son algo común en muchos lugares.
Algunos incendios son accidentes, muchos son descuidos y muchos otros son provocados.

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Todos los países tienen geografías peculiares y distintas. Hay zonas de dificil acceso, pueblos perdidos en las montañas, aldeas a las que solo se llega por caminos secundarios sin pavimentar, lo que dificulta el trabajo de bomberos y las autoridades.

Es dificil preveer este tipo de desastres y más dificil aún detenerlos. Los recursos, tanto humanos como materiales, de pronto no son suficientes porque las alarmas de incendio se multiplican con el pasar de los días, y de pronto hay más de cien focos activos en distintas regiones.wildfire-1105209_1280
El gobierno no da abasto, se descoordina, la ayuda no llega, el fuego aumenta, la gente pierde sus casas y muchos mueren intentando apagarlos.
Entonces las personas se organizan por su cuenta y sucede algo maravilloso en medio de la catrastrofe: Colaboración.

En este momento, en cada ciudad hay centros de acopio, gimnasios, escuelas, juntas de vecinos, personas colaborando con personas, que se organizan para llegar a las zonas de catastrofe y dar todo lo que pueden reunir, a las familias que lo han perdido todo.
Las ayudas son enormes. He visto pasar camiones llenos de agua, comida, kits de emergencia, juguetes y mucha, mucha esperanza.
En momentos bajos las personas tenemos un instinto de fraternidad, bondad y entrega, que ojalá pudieramos y supieramos mantener constante en nuestra vida diaria, porque es hermoso.

Son muchas las personas que han llegado de otros países hasta Chile dando ayuda: brigadistas de varios continentes, especialistas, aviones, personas conmovidas por la situación que quieren hacer algo por ayudar, por mejorar, y lo hacen. No importa la nacionalidad, la religión, el color de la piel. Importan las personas y eso un acto de amor sincero.

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Cuando logramos enfocarnos en asuntos más allá de los nuestros, cuando nos unimos con los demás por un fin común, cuando somos capaces de crear vínculos de la nada y mejorar un poco la vida de los demás, también mejora la nuestra. La satisfacción que se siente supera cualquier acto que se enfoque solamente en nosotros y además sus repercuciones cruzan las fronteras.

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La ciudad

Siguiendo con el tema de desconectar, he pensado en la cantidad de lugares a que no conocemos en nuestra propia ciudad.

¿Hace cuánto que no vas a un museo? ¿Al teatro? ¿A un concierto? ¿A un parque?
¿Hace cuánto que no caminas por una calle distinta o usas otra ruta para volver a casa?

Llevo unos cuantos años viviendo en la misma ciudad y hace poco me di cuenta de que a penas la conozco. Siempre he dicho que es pequeña, que no tiene nada nuevo que ver, que no puede sorprenderme. Pero la ciudad también es una especie de ser vivo. Se va renovando constantemente. Crece, se expande, sube.

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La calle en la que vivo siempre fue de casas y personas mayores. Hace un año levantaron dos edificios de departamentos en frente, llegó gente joven, supermercados, restaurantes y, me di cuenta de que nada permanece para siempre del mismo modo, ni si quiera eso que desde pequeños vimos sin cambiar. Tarde o temprano, en algún momento de la historia, todo cambia. Estamos creados para cambiar, para madurar, para crecer, para conocer nuestros gustos y expandirlos. Para entender nuestro presamiento y transformarlo. Para escuchar a los otros y adoptar como nuestras los aspectos que necesitamos como propios.

La ciudad también da eso. Da un atardecer distinto desde otro barrio o plaza.
Aquí hay un cerro protegido como reserva natural, justo en la ciudad, a dos calles del centro. Es un gran pulmón verde, con aves y vistas preciosas.
Hace dos años que no subo, ¿por qué?

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Personalmente creo que es cómodo “dejarse estar”, quejarse de las cosas que no nos gustan y no hacer nada por orientarnos hacia las que sí, hacia las que sí pueden aportarnos, a las cosas que seguramente hay que nos gustarían, pero todavía no las conocemos y, para conocerlas, primero hay que salir de esa burbúja de humo llena de negaciones y espesura.

Creo que esto es aplicable a todo. Los que creemos que no tenemos ningún talento, seguro que sí, y más de uno. Todos tenemos cierta personalidad polinizadora, ganas de aprender, de conocer, de explorar y que todo esto nos expanda a nosotros mismos, nuestra personalidad, nuestros intereses.

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Cuando uno sale de uno mismo, las posibilidades se multiplican. La experiencia nos multiplica. Podemos llegar a conocernos mejor y a la vez comunicarnos mejor con los demás.

Sienta bien estar en armonía con los lugares que habitamos, las personas que tenemos y las cosas que nos apasionan.

Desconectar

Me pasé un año entero sin salir de la ciudad.

Vivo en el sur de Chile y es maravilloso.
Entre volcanes, bosques nativos y carreteras con curvas escondidas entre lo verde, se encuentran lagos preciosos, con agua tranquila y paisajes de ensueño.

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Volcán Villarica – Chile

Y me pasé un año encerrada en la ciudad, con el ruido de los autos, el humo, la rutina, las mismas calles y los mismos lugares.
Me asombra cómo merma la mente y también el cuerpo, cuando no hay nada nuevo que inspire, que renueve las energías.
Necesitamos aire fresco, lo sabemos, pero a menudo no sabemos cuánto, hasta que salimos de la burbuja.
El sábado en la mañana agarré mi mochila y me fui a acampar. Esa misma tarde me tumbe en la arena, miré el lago y lo sentí. Necesitaba estar fuera, en otro lugar, sin nada, sin nadie.

Desconectar.

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Lago Villarica – Chile

Cuando pasamos mucho tiempo en el mismo lugar, la mente se cierra. Nos olvidamos de que hay un mundo entero fuera, lleno de posibilidades, con miles de lugares y personas distintas, diversas, llenas de experiencias y costumbres de las que aprender y retroalimentarse.

Yo solo fui a unas pocas horas de distancia, pero la naturaleza me hizo sentir en contacto conmigo misma, respirar aire puro y notar que me renovaba de energías.
La mente se relaja pero también se despierta. Los colores, los aromas, los sonidos, todo es alimento.
Necesitamos esos estímulos y creo que es importante tener consciencia de cuánto bien nos hace no dejarnos atrapar por las rutinas que nos hacen olvidar nuestras otras necesidades.

Es dificil no caer en las redes del sistema. Todo está diseñado para mantenernos ocupados. El teléfono, la televisión, la publicidad, la música, los autos, todo está hecho para que no veamos más allá, para que nos olvidemos de las posibilidades de más allá, para que todos los días, las horas estén perfectamente ocupadas y al llegar la noche nos durmamos sin alcanzar a desconenctar.

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Pucón – Chile

Pero cuando se hace, la cabeza y el cuerpo lo agradece. Recordamos cuáles son las cosas importantes, qué nos inspira y qué nos motiva.

No hace falta mucho, lo más importante es tener ganas, sentirse con la capacidad de poder y hacerlo, hacer cualquier cosa que nos haga sentir bien con nosotros mismos, que nos active, que nos despierte, que nos enriquezca espiritual, mental y físicamente.
Anímense.

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