Las oportunidades

A todos nos ha pasado alguna vez (o varias), que parece que la vida nos tenía preparados unos planes distintos a los nuestros. A menudo estos planes, como se salen de nuestros esquemas, nos asustan, creemos que son malos o nos crean incertidumbre. La frase “más vale malo conocido que bueno por conocer” sale a relucir… salir de nuestra zona de confort. Ya os hablé sobre eso en otro post.

A veces debemos confiar en el Universo, en la vida o en lo que creamos. Las oportunidades aparecen ante nuestras narices día a día. Las hay más insignificantes y más impresionantes. Estas últimas son las que más suelen asustarnos.

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Los seres humanos no estamos muy acostumbrados a los cambios. Nos acostumbramos a nuestras rutinas y en ellas nos sentimos seguros, creeos que todo está controlado. No lo pasamos bien en momentos de incertidumbre, de cambios, porque parece que nos podemos caer más fácilmente.

Pero os recomiendo darle a las oportunidades una oportunidad (valga la redundancia). Muchas veces en ellas se esconden las más grandes sorpresas, los momentos más bellos, y son las que nos ayudan a crecer y a avanzar en la vida. El miedo no debe paralizarnos, porque somos capaces de más, y muchas veces, la felicidad está al otro lado de la oportunidad. Así que, ¿por qué no nos subimos todos al tren de las oportunidades?

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Momentos

La vida está hecha de momentos.

Creo que todos estaremos de acuerdo con esta afirmación. Espero. Pero ¿a qué me refiero con esto y qué me gustaría transmitiros con este post?

Si me pongo a hacer memoria y a recordar mi infancia, lo que siempre me viene a la cabeza y me hace sonreír son los momentos compartidos. Tardes jugando con mis primos y hermanos, fiestas de cumpleaños en casa con un montón de amigos del cole, la excursión que hicimos en 6° de primaria a la nieve durante una semana con toda la clase, en la cual aprendí a esquiar un poco y casi me rompo una pierna, las tardes de los domingos jugando con mi hermana a que éramos Tod y Toby (Disney)… Podría mencionar millones de momentos. Experiencias que me hacen feliz al recordarlas. Ellas son las que me dan la sensación de haber vivido.

¿Por qué digo todo esto? Porque no recuerdo, ni aun queriendo, regalos o cosas materiales. Bueno, sí recuerdo alguna muñeca o peluche o algún juego con el que pasaba horas jugando, pero los recuerdo por los magníficos momentos que pasé con ellos, no por su “valor” económico o social.

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Según mi forma de entender el mundo, nada hay más valioso que nuestro tiempo y el que compartimos con nuestros seres queridos. Hoy en día mis hijos son los que se están dando cuenta de la importancia de compartir momentos y valoran y agradecen muchísimo cuando compartimos una película comiendo palomitas de maíz, jugamos todos a un juego de mesa, pasamos la tarde contando cuentos inventados, cocinamos juntos, jugamos a tirarnos unos encima de otros… ¡Eso es vida!

La importancia de SER NIÑOS

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Hoy he tenido la gran suerte (si es que existe la suerte) de poder asistir a una obra de teatro musical sobre el Principito. Debo reconocer que la historia de Saint-Exupéry me apasiona y que cada vez que la leo descubro en ella nuevos aprendizajes.

Aparte de quedar maravillada por el montaje, la escenificación, la actuación de actores y actrices, la música… me ha vuelto a remover las emociones y a plantearme algunas de las cosas básicas de la vida.

Uno de los aprendizajes del libro es la importancia de las pequeñas cosas, de valorar lo que no se ve. Quizás una de las frases más conocidas del Principito: lo esencial es invisible a los ojos. Y yo hoy también lo he podido constatar estando allí sentada, disfrutando de la obra en buenísima compañía…. HE SIDO PLENAMENTE FELIZ!!! Pero no sólo en el teatro, cualquier momento solos o acompañados puede ser especial y hacernos sentir plenos. Lo importante es darse cuenta de ellos y saberlos valorar y agradecer. Cualquier salida o puesta de sol, compartir un cafe con un amigo, un paseo por la montaña o por la playa…

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Otro de los aprendizajes del Principito es la importancia de la amistad. En el libro aprendemos que lo importante de una amistad es el tiempo que se comparte con esa otra persona, las experiencias vividas juntos. Saint-Exupéry habla de domesticar, refiriéndose a acostumbrarse al otro, a su forma de ser, de comportarse. En ese momento, el otro deja de ser uno más para ser alguien especial y único en el mundo. Y el autor lo hace a través de la relación del Principito con el zorro. Ambos se domestican y entonces pasan a necesitarse y a vivir cada momento juntos (incluso los momentos de esperar la llegada del otro) muy felices.

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A partir de este aprendizaje el Principito se da cuenta de por qué su rosa es tan especial para él. No es porque sea la única rosa del mundo (como él creía), sino porque para él es ÚNICA y especial por el tiempo que han vivido juntos, a pesar de no entenderse.

Un gran libro, una gran obra, un gran aprendizaje para la vida. ¡¡NO DEJEMOS JAMÁS DE SER NIÑOS!!

La importancia del AQUÍ y AHORA

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Llevo unos cuantos días hablándoos de la mente, del inconsciente, de cómo pensamos y hablamos y de cómo eso afecta a nuestras vidas.

Hace un par de días os mencioné la pnl (programación neurolingüística). Hoy me gustaría volver a hablaros de ella para entender por qué resulta tan importante centrarnos en el AQUÍ y el AHORA.

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Como ya os comenté, el inconsciente no entiende de tiempo. Muchos de nosotros nos pasamos la vida quejándonos, pensando y diciendo que cuando tenga un trabajo seré feliz, o que cuando tenga más dinero, un coche nuevo….. todo me irá mejor.  Nos proyectamos al futuro pensando que es entonces cuando podremos ser felices. Pero nada más lejos de la realidad. Cuando decimos o pensamos así, estamos programando en nuestra mente una necesidad, algo futuro. Con lo cual, como el inconsciente no distingue el tiempo, toda esa necesidad quedará como algo futuro que nunca llegará.

Siguiendo en la misma línea de quejas, también nos atormentamos por el pasado. Damos vueltas y más vueltas a algo que nos pasó que nos marcó, que creemos que nos impide ser felices. A pesar de tener días buenos o hacer bien las cosas, solemos centrarnos en lo que hacemos mal o en lo que nos equivocamos. Esta actitud nos impide avanzar, puesto que se queda grabada en nuestro inconsciente y nos mantiene en ese estado de insatisfacción perpetua.

Ahora bien, si nos centramos en el presente, en el AQUÍ y AHORA, entonces podemos cambiar muchas de esas programaciones.

Un truquito es llevar una libretita e ir anotando los malos pensamientos que tenemos a lo largo del día sobre los demás o sobre nosotros mismos, malas palabras, prejuicios…. Sólo este acto ya nos ayudará a ser conscientes de cómo programamos nuestra mente inconscientemente. Si además hacemos el ejercicio de cambiar esas palabras o pensamientos por otros mejores, estaremos ayudándonos a estar mucho más felices.

Disfrutemos AQUÍ y AHORA de la vida y ayudémonos a nosotros mismos a quitarnos pesos de encima que no nos corresponden y nos impiden ser felices. Trabajando poquito a poco cada día con simples ejercicios, podremos lograr grandes resultados.

La ley de la atracción

Siguiendo el hilo de lo que os contaba ayer de la importancia de las pequeñas cosas, hoy quería hablaros de la ley de la atracción. Quizás me preguntéis qué relación hay entre ambos temas, y la verdad es que os lo explicaré a través de algo que me ha pasado hoy.

Pues bien, después de un día agotador, me encontraba volviendo a casa conduciendo el coche de mi padre junto a mi pareja y mis hijos. Afuera hacía frío, 1°C y, debido a la diferencia térmica con el interior del coche, la luna delantera estaba completamente empañada. Para más inri, llovía muchísimo. Yo no veía casi nada y habíamos dado por perdido el botón de desempañar el cristal. Después de probar de todo para desempañar el cristal, abrir ventanas a pesar del frío, pasar un trapito, etc., nos disponíamos a parar en una gasolinera a ver qué podíamos hacer o por lo menos a abrigarnos más. Sorprendentemente, nuestra actitud ante esa situación, lejos de ser negativa, era muy positiva. ¡Estábamos viviendo una aventura juntos! Tener esta actitud era fácil después del maravilloso día de ayer en la nieve (¿os dais cuenta de la importancia de las pequeñas cosas?). Pues bien, justo antes de parar, mi mano ha encontrado como por arte de magia el botón desempañador….

Es sólo una anécdota, pero me sirve para explicar de forma más gráfica cómo funciona la ley de la atracción. A mi entender, somos energía y movemos energía. Si nosotros vibramos a una frecuencia alta, atraemos hacia nosotros cosas, personas y hechos que vibren a esa misma frecuencia. Lo mismo pasa con las frecuencias bajas, pero al revés. Esto es muy interesante puesto que, sabiéndolo, podemos atraer hacia nosotros lo que deseamos. Sólo es necesario vibrar a la misma frecuencia o, dicho en otras palabras, si queremos cosas buenas, debemos valorarlas, agradecerlas y transmitir también cosas buenas.

Y vosotros, ¿ponéis en práctica la ley de la atracción?

El poder de las pequeñas cosas

El ritmo de vida que llevamos hoy en día suele ser trepidante. Trabajemos como empleados, por cuenta ajena o nos dediquemos a la casa, hijos, etc., todos tenemos obligaciones que nos hacen pasar muchos días o incluso semanas sin pararnos a hacer algo que nos guste. O peor todavía, sin pararnos a pensar qué nos gustaría hacer.

Yo soy también una de estas personas… hasta hoy. Hoy, después de muchos años deseándolo, ¡¡¡he ido a la nieve!!! Para algunos podría parecer una tontería, pero yo siempre pensaba que había obligaciones antes que el ocio, o que era un gasto demasiado grande para mí, o mil excusas más.

Realmente hacer algo que deseamos no tiene por qué ser tan imposible o no tenemos por qué sentirnos culpables.

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¡¡¡HOY HA SIDO UN DÍA INOLVIDABLE!!! Me he sentido como una niña pequeña jugando horas y horas con la nieve, tirando bolas, haciendo muñecos de nieve con mis hijos, tirándonos en trineo, haciendo el ángel. Ellos sólo habían visto la nieve una vez en su vida cuando eran muy bebés, y la felicidad que irradiaban sus rostros hoy no tiene precio. Ahora estamos agotados, pero muy muy felices.

Además, este día ha supuesto, a pesar del cansancio, una carga de pilas enorme. Estoy segura de que los días que vienen seré mucho más productiva y eficiente en mis tareas, porque me siento feliz y plena, con derecho a permitirme ser feliz.

Las pequeñas cosas RESULTAN ENORMES.