La importancia de SER NIÑOS 2

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Ayer dediqué mi post a algunos de los aprendizajes que nos ofrece la obra del Principito, y hoy me gustaría profundizar más en aquellos que se basan en la importancia de seguir siendo niños a pesar de haber crecido y ser adultos.

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La típica imagen del sombrero (o mejor dicho de la boa que se ha tragado a un elefante) nos ayuda a entender cómo, a medida que crecemos, vamos perdiendo la capacidad de imaginar, de ver más allá de lo evidente, de cuestionarnos las cosas, de preguntarnos qué es importante y qué no lo es tanto. Es importante que nos volvamos a plantear estas cosas. El Principito no entiende por qué su rosa se empeña en crear espinas para protegerse pero aún así los corderos se la pueden comer. Y menos aún entiende que a los adultos no les importe ni les interesen estas cosas y se dediquen a “cosas serias e importantes” como los números. Realmente a veces vivimos así, dando más importancia a los valores de las cosas en términos numéricos (precio, metros cuadrados, peso, etc) que a sus características más pintorescas o a lo que nos hacen sentir.

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Todos los personajes que van apareciendo nos enseñan algo. He escogido hablaros del hombre de negocios, el que se pasa la vida contando las estrellas para poseerlas, para sentir que es rico, que son suyas… pero no tiene tiempo para nada más y ni siquiera le sirve para nada. Muchas veces vivimos un poco así, pensando que trabajar como locos y tener una cuenta bancaria enorme nos hace mejores o más importantes, pero sin poder disfrutar de lo más valioso que tenemos, que es el tiempo.

Creo que podemos sacar muchas conclusiones si profundizamos en el Principito que nos pueden ayudar a vivir de forma más plena, más consciente y valorando más las cosas importantes, que son las que nos hacen sentir bien.

El poder de las pequeñas cosas

El ritmo de vida que llevamos hoy en día suele ser trepidante. Trabajemos como empleados, por cuenta ajena o nos dediquemos a la casa, hijos, etc., todos tenemos obligaciones que nos hacen pasar muchos días o incluso semanas sin pararnos a hacer algo que nos guste. O peor todavía, sin pararnos a pensar qué nos gustaría hacer.

Yo soy también una de estas personas… hasta hoy. Hoy, después de muchos años deseándolo, ¡¡¡he ido a la nieve!!! Para algunos podría parecer una tontería, pero yo siempre pensaba que había obligaciones antes que el ocio, o que era un gasto demasiado grande para mí, o mil excusas más.

Realmente hacer algo que deseamos no tiene por qué ser tan imposible o no tenemos por qué sentirnos culpables.

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¡¡¡HOY HA SIDO UN DÍA INOLVIDABLE!!! Me he sentido como una niña pequeña jugando horas y horas con la nieve, tirando bolas, haciendo muñecos de nieve con mis hijos, tirándonos en trineo, haciendo el ángel. Ellos sólo habían visto la nieve una vez en su vida cuando eran muy bebés, y la felicidad que irradiaban sus rostros hoy no tiene precio. Ahora estamos agotados, pero muy muy felices.

Además, este día ha supuesto, a pesar del cansancio, una carga de pilas enorme. Estoy segura de que los días que vienen seré mucho más productiva y eficiente en mis tareas, porque me siento feliz y plena, con derecho a permitirme ser feliz.

Las pequeñas cosas RESULTAN ENORMES.