TU CEREBRO, MI CEREBRO.

 

Hoy quiero hablar de nuestro CEREBRO.

“Es el órgano más complejo, se encarga de realizar funciones vitales e importantes para nuestro cuerpo”

Si nos centrarámos en su gran valor, estoy segura de que lo cuidaríamos como el mejor y gran tesoro que pudiéramos tener.

Tiene la capacidad de manejar tu cuerpo a la misma vez que controlar tus emociones. Recibe constantemente información sensorial, velozmente analiza estos datos y luego responde, controla las acciones y funciones corporales. Controla el sistema nervioso, la respiración, el ritmo cardíaco y otros procesos anatómicos. Se encarga del pensamiento, aprendizaje y la memoria. (El Neocórtex). El CEREBRO es responsable del equilibro corporal, controlando la postura y el movimiento. Y estoy hablando de una manera muy, pero muy resumida. Podríamos llenar páginas enteras sobre su gran belleza.

Si te dieran un regalo de valor incalculable y te dicen: Tienes que cuidarlo, alimentarlo muy bien, física e intelectualmente, hacer cosas que le ayuden a ejercitarlo: como leer, escribir, aprender a tocar un instrumento, etc. Todos los días debes caminar una hora diaria para aumentar su oxigenación y que todo lo que guardes en el, nadie te lo podrá quitar, porque es la caja fuerte mejor creada que existe. Sirve para guardar tus otros tesoros y solo pueden salir, si tu los compartes. Porque con este tesoro, de valor incalculable podrás llegar a lo más alto, donde jamás creerías que podrías llegar y te dará LIBERTAD.

Y también tiene la grandeza de permitirte que hagas lo contrario y que puedas perderte de su esplendor.

Cuidemos nuestro CEREBRO.

Siempre he dicho:  “Todos los problemas del ser humano se encuentran en su CEREBRO

Somos nosotros quienes controlamos todo lo que esta en él, nadie más puede hacerlo. Yo puedo controlar el mío, no puedo controlar el tuyo, salvo si tú lo permites.

Analiza si le das lo que realmente necesita, si lo que le das diariamente es bueno y beneficioso. Te acompañara toda tu vida. Cuidalo como realmente se merece.

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La salud trabajando en casa

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Hoy trataremos un tema respecto a la decisión final al trabajar en casa, nuestra salud. Es común cuando uno es empleado, por lo menos en mi país, pagar una cuota de nuestro salario que es destinado a un servicio medico que puede cubrir, en caso de ser necesario tu sueldo por enfermedad. Aun así, la practica común es, asegurarte con la mínima cuota para que el empleador ahorra impuestos principalmente y tu sueldo al final de cuentas no es del todo cubierto. Aunado a esto, los servicios médicos en muchos lugares, no son del todo óptimos, pero, uno como empleado siente que, por lo menos tienes algo que te cubra en algún desafortunado accidente y/o enfermedad. Muchos se la piensan al decidir trabajar desde casa, dado que pierden este “beneficio”.

Si llega el momento que decides dar ese paso final, reflexiona acerca de tu salud, ya que sin esta, cualquier trabajo que quieras hacer (empleado o desde casa) va mermar tu productividad. Hoy en día, hay muchas pólizas medicas, que tu puedes decidir adquirir y afrontar con mayor seguridad algún inconveniente que pueda presentarse durante la travesía de trabajar en casa.

Pero, si estoy intentando no tener pasivos, ¿como esto me ayudara a mejorar mi situación financiera? Bueno, ahora que cambia tu mentalidad, que empiezas a identificar activos y pasivos, tu mismo puedes crear un activo que cubra ese pasivo. Esta es la ventaja que tienes al trabajar para ti y la satisfacción de saber que logras cumplir un objetivo.

La mejor forma de cuidar tu salud, es la prevención, la creación de un activo no tiene por que forzarte a dejar de alimentarte adecuadamente, evitar hacer ejercicio y mucho menos impedir tu adecuado descanso, si caes en estar practicas, inevitablemente tu salud se vera afectada.

Es un tema de mucho debate, yo te dejo mi punto de vista el cual puede no coincidir con su forma de pensar, te invito dejes algún comentario al respecto y si tienes alguna experiencia que compartir.

Saludos…

Tenemos derecho a enfadarnos

El enfado es una emoción que experimentamos cuando algo no sale de acuerdo a nuestras expectativas. Es como una negación hacia algo que nos sucede (sea externo a nosotros o interno). Como sucede con cualquier otra emoción, tenemos derecho a sentir enfado, aunque muchas veces sintamos que no.

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¿Por qué a veces tenemos la sensación de que enfadarse está mal? Yo creo que hay varias respuestas.
Por una parte, es lo que aprendimos de niños. Si nos enfadábamos, nos castigaban o reñían o algo sucedía no precisamente bueno. Yo aprendí que estaba mal visto, que siempre había que mostrarse amigable, porque si no, me criticaban o se burlaban de mí. Con esas actitudes, poco (o nada) me ayudaban a salir del enojo o a no volverme a enfadar. Sé que a mucha gente le ha pasado como a mí y, a pesar de haber madurado y saber que no es malo enfadarse, la creencia que nos quedó grabada desde pequeños,  queda en nuestro inconsciente y hace que cuando nos enfadamos se encienda la alarma de la culpa o de algún sentimiento poco deseable hacia nosotros mismos por no ser capaces de controlarnos.
Por otro lado, cuando nos enfadamos, nos sentimos mal. Eso es evidente si tenemos en cuenta qué supone un enfado (que algo no sale como queremos). Y ese sentimiento negativo a menudo lo expresamos de manera poco adecuada, sobre todo para nosotros mismos, porque ese enfado acompañado de rabia, impotencia o lo que sea nos va hiriendo por dentro. Además, si tenemos en cuenta que, a veces, nos reprimimos por lo que he explicado en el punto anterior y no expresamos el enfado, pensando que de esta forma no nos enfadamos realmente y nos estamos controlando mejor, entonces parece evidente entender que después “explotemos” exageradamente en una situación que, seguramente, no era para tanto. ¿Por qué? Porque a pesar de no expresar enfado, sí lo sentimos y lo vamos acumulando. Con lo cual, al final acabará saliendo de forma exagerada en cualquier ocasión.

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Os propongo que nos planteemos de qué forma solemos enfadarnos, con qué frecuencia, en qué situaciones, porque ser conscientes de ello nos ayudará a ver nuestros puntos débiles para poder trabajar con ellos y, de  esta forma, que las cosas nos afecten menos, pero de verdad, no como represión hacia el exterior.